Sala de Constantino

La construcción, junto al núcleo más antiguo del palacio del Vaticano, de la Sala de Constantino y de la -inmediatamente inferior- Sala de los Pontífices, es fechable en los pontificados de Inocencio III (1198-1216) y Nicolás III (1277- 1280). Tal construcción se remonta a un período anterior a la construcción de las Estancias vecinas, llamadas hoy de Rafael, hechas edificar por Nicolás V (1447-1455). La amplitud del ambiente y su ubicación cercana a los aposentos privados del pontífice la hacían particularmente indicada para recepciones y reuniones de diverso carácter como banquetes o ceremonias nupciales de familiares del papa, nombramientos cardenalicios y, en algunos casos, incluso para los consistorios que más a menudo, sin embargo, tenían lugar en el piso inferior.

La concepción del ciclo pictórico con las Historias del emperador Constantino -de quien toma la sala su nombre actual- fue confiada en la primavera de 1519 por León X a Rafael quien, según la biografía de Paolo Giovio -amigo personal del pontífice y del artista- inició la realización de la pared sur con la Batalla de Constantino contra Majencio. Su prematura muerte en abril de 1520 obligó, sin embargo, al papa a asignar el encargo a sus discípulos Giulio Romano y Gian Francesco Penni, aventajados por el hecho de poseer los dibujos del maestro. El hecho no dejó de suscitar envidias y descontento. Sabemos que también Sebastiano del Piombo aspiraba a obtener la ambicionada empresa y que, a sólo seis días de la muerte del maestro de Urbino, escribía a Miguel Ángel que, odiando a Rafael, hizo todo lo posible para que todos sus alumnos fueran apartados del Palacio. A pesar de la Intervención de un personaje tan influyente como Miguel Ángel, ni el cardenal Blbbiena, al cual fue dirigida la petición, ni siquiera León X cambiaron de idea. La Sala de Constantino proseguía con los ‘garzones’ de Rafael.

Una cuidadosa relectura de los frescos y de las fuentes ha permitido a la crítica más reciente puntualizar algunos aspectos no todavía del todo aclarados y establecer cómo el mismo Rafael ideara el programa decorativo en su totalidad, realizando personalmente los dibujos para las dos primeras historias del ciclo, la Adlocutio y la Batalla de Constantino, comprendidas también las cariátides y los pontífices con las Virtudes. Que estos dos frescos fueran realizados en primer lugar lo convalidan no solamente consideraciones de orden estilístico sino también la presencia, en ellos únicamente, de los símbolos heráldicos de León X, reemplazados en las otras dos paredes por el lema de Clemente VII.

Los dos últimos episodios, La presentación de los prisioneros y Los preparativos del baño de sangre destinado a curar a Constantino de la lepra fueron luego substituidos por el Bautismo y la Donación de Roma, transformando el significado del programa iconográfico, al principio centrado exclusivamente en la figura del primer emperador cristiano, en una serie de historias tendientes, en cambio, a subrayar la superioridad del poder pontifical sobre el poder imperial.

A los lados de las escenas mayores, que ocupan el espacio central de cada pared, se desarrolla un segundo ciclo que comprende las imágenes de ocho Santos Pontífices, sentados en el trono bajo baldaquines dentro de nichos fingidos, en forma de concha, y acompañados por figuras alegóricas que aluden a sus virtudes.

Con la muerte de papa León X en 1521, las obras se hallaban muy adelantadas. Durante el pontificado de Adriano VI (1522-1523) y después de una suspensión, la obra reinició en plena marcha cuando en el trono de Pedro llegó otro papa Medici, el culto mecenas Clemente VII. La serie de los frescos de las paredes fue terminada en su totalidad en el verano de 1525. Sólo entre 1582 y 1585, en el período de Gregorio XIII Buoncompagni, fue ejecutada la bóveda con el Triunfo de la Religión y la imagen alegórica de las provincias de Italia. Fue en ese momento que el pintor Tommaso Laureti realizó en el centro de la bóveda los frescos con la escena del ídolo abatido en una perspectiva desierta con un enfoque un poco metafísico.